El interés por los alimentos ecológicos continúa avanzando entre los consumidores españoles, pero ese crecimiento no siempre va acompañado de un conocimiento preciso sobre qué acredita realmente la certificación ecológica. Una investigación realizada por Opinium para NSF entre 1.000 adultos en España refleja una combinación de elevada aceptación de estos productos y dudas relevantes acerca de su etiquetado, procedencia y controles.
La diferencia generacional es especialmente significativa. Según el estudio, los menores de 35 años calculan que los productos ecológicos representan ya alrededor del 32% de su cesta de la compra, frente al 23% declarado por los mayores de 55 años. En el conjunto de la muestra, el porcentaje medio se sitúa en el 25,8%.
Sin embargo, el crecimiento del consumo convive con interpretaciones que no siempre coinciden con el alcance real de la certificación. El 76% de los encuestados considera que un producto ecológico está necesariamente libre de residuos de pesticidas, cuando esta categoría se refiere fundamentalmente al cumplimiento de unas determinadas normas de producción y al control de los productos y sustancias que pueden emplearse.
La normativa europea establece precisamente requisitos específicos para la producción, transformación, transporte y almacenamiento. El logotipo ecológico de la UE solo puede utilizarse en productos certificados por organismos de control autorizados y, en el caso de los alimentos procesados, exige que al menos el 95% de los ingredientes agrícolas sean ecológicos. La producción ecológica limita además el empleo de fertilizantes, herbicidas y pesticidas y únicamente permite determinadas sustancias previamente autorizadas.
Las dudas afectan también al origen de los productos. Un 32% de los participantes piensa que los alimentos ecológicos proceden exclusivamente de pequeñas explotaciones, pese a que la certificación puede obtenerse con independencia del tamaño de la explotación si se cumplen los requisitos establecidos.
Algo parecido sucede con el lenguaje utilizado en los envases. Aunque “eco” y “bio” están vinculados legalmente a la producción ecológica dentro de la normativa comunitaria, únicamente el 55% de los encuestados relaciona “eco” con los estándares oficiales y el porcentaje desciende al 46% en el caso de “bio”. La propia Comisión Europea contempla expresamente términos como organic, bio o eco dentro de las reglas de etiquetado ecológico.
La consecuencia es una brecha entre certificación y percepción. Aunque el 67% da por hecho que los mensajes relacionados con productos ecológicos se verifican antes de su comercialización, el 68% teme que algunos puedan resultar engañosos. Solo el 39% asegura confiar de forma general en las etiquetas ecológicas y casi la mitad, el 47%, considera que estas no explican suficientemente qué aspectos se han comprobado.
“En ecológico, la confianza forma parte del producto”, afirma Verónica Llorens, responsable de Alimentación, Producción y Etiquetado en NSF España. “Los consumidores españoles ya valoran los productos ecológicos, y la mayoría está dispuesta a pagar más por ellos, pero piden pruebas que puedan ver y entender. Los productores, marcas y retailers que hagan visible la verificación y expliquen qué justifica ese diferencial de precio estarán mejor posicionados para crecer”.
El papel de la certificación independiente aparece precisamente como uno de los elementos capaces de reforzar esa confianza. Un 59% de los participantes afirma que la verificación por terceros les aporta seguridad ante las afirmaciones sobre productos ecológicos. Entre padres y madres el porcentaje alcanza el 68%, frente al 55% de quienes no tienen menores a su cargo.
Las conclusiones adquieren especial relevancia por el peso que tiene este sector en España. Los últimos datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación sitúan al país como líder de la Unión Europea en superficie dedicada a producción ecológica, con cerca de 2,95 millones de hectáreas en 2024, equivalentes al 12,31% de la superficie agraria útil.
Ese liderazgo productivo convierte la comprensión del etiquetado y la confianza del consumidor en factores especialmente relevantes para el desarrollo del mercado.
“España es uno de los principales productores ecológicos de Europa, y sus explotaciones y empresas alimentarias ecológicas están sujetas a requisitos muy detallados de trazabilidad y etiquetado”, señala Maria Chiva Silvestre, responsable técnica de certificación ecológica de NSF. “Pero el estudio muestra que todavía existe una brecha entre el trabajo técnico que hay detrás de una etiqueta ecológica y lo que los consumidores entienden cuando la ven. La oportunidad para el sector está en hacer más visible para el consumidor qué se verifica, cómo se certifica y qué significa realmente ecológico”.
Los resultados completos de la investigación serán presentados por NSF durante Fruit Attraction 2026, en Madrid, el próximo 7 de octubre. El estudio apunta así a un reto que trasciende el crecimiento de la categoría: conseguir que el aumento del interés por los productos ecológicos vaya acompañado de mayor información, transparencia y comprensión de los sistemas que respaldan su certificación.
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