Informar con responsabilidad: la gestión de la comunicación en las instituciones educativas

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María del Mar Blanco Leal, doctora en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid; profesora de Lengua y literatura, Educación Secundaria Obligatoria; miembro del Centro de Investigación “Comunicación y Sociedad” (CySOC) – Universidad de Almería

La comunicación es un bien valorado por la mayoría de las empresas y organizaciones y actualmente, casi la podríamos considerar una auténtica necesidad empresarial. Las instituciones de carácter educativo no son una excepción, aunque presentan una serie de características y peculiaridades que hacen de este ámbito de actuación un emplazamiento especialmente sensible a la hora de aplicar las distintas políticas comunicativas.

La comunicación es fruto de la interacción humana y las instituciones educativas son un foco inmejorable de contacto constante en el que se producen numerosos intercambios de vital importancia, no solo para la materialización de la idea empresarial, o para la obtención de beneficios, sino para un fin todavía más delicado, la formación y la educación de niños y jóvenes, un bien inmaterial y un valor inestimable no solo para el interés particular sino para el bien de la sociedad. De ahí el interés que suscita el análisis de las peculiaridades de la gestión en este tipo de organizaciones.

No podemos olvidar que el destinatario de las instituciones educativas presenta un carácter específico y un valor añadido. Los receptores de nuestros mensajes no son simples clientes, son mucho más que eso, ya que confían a la organización su bien más preciado, sus hijos. Además, apuestan por el criterio del centro educativo para llevar a cabo una de las tareas más difíciles, la educación de los pequeños. El bien inmaterial con el que trabajan las instituciones educativas tienen, por tanto, un valor añadido.

Además, la elección del centro educativo es una cuestión de confianza. El público general puede permitirse un error a la hora de adquirir un producto, pero los padres no quieren, ni pueden permitirse una equivocación a la hora de elegir la educación que quieren ofrecer a sus hijos. Por tanto, la organización tiene que saber responder con honradez, atención y esfuerzo a la confianza que los padres depositan en ella.

Por otra parte, la política comunicativa de las entidades educativas establece unos vectores de inversión diferentes que otro tipo de empresas. Los centros educativos no vuelcan la mayor parte del presupuesto comunicativo en la captación de nuevos clientes. En estos casos la comunicación externa no es la que focaliza todos los esfuerzos, ni siquiera suele ser prioritaria debido a que los cauces de comunicación suelen ser más abundantes en otros sentidos. Asegurar la satisfacción del público intermedio para fidelizar a las familias y generar una corriente de comunicación interpersonal que consiga difundir la imagen de la organización y como consecuencia la captación de nuevos clientes que comparten el ideario del centro, es el objetivo prioritario en el que se centran la mayoría de los esfuerzos.

En el caso de las instituciones educativas existe una mayor proximidad entre los distintos estamentos de la organización y su público real y objetivo. En muchas ocasiones un padre preocupado necesita de una persona que lo escuche y que sepa gestionar sus dudas y darles respuesta. En este aspecto hay que aprovechar la figura del tutor y del profesor como intermediario, intérprete, representante y portavoz directo de la política de comunicación de la empresa que entra en contacto con el público, no dejando recaer todo el peso sobre el equipo directivo.

No obstante, esta tarea no está exenta de dificultad, ya que existe la necesidad de controlar los cauces alternativos e informales de comunicación horizontal entre público interno e intermedio. Estas interacciones son un foco de rumores y ruido informativo pero también una fuente inagotable de información que la organización puede reconvertir en un cauce de retroalimentación (feed-back).. En el caso de las instituciones educativas, los destinatarios cuentan con más posibilidades que ningún otro “cliente” para reunirse con sus iguales e intercambiar pareceres. Ser capaces de convertir este inconveniente en una ventaja es una forma idónea para asegurar la bidireccionalidad de los mensajes.

Por último, un factor clave para desempeñar responsablemente la labor comunicativa en las instituciones educativas es siendo conscientes de la importancia de la dimensión socioafectiva. Lo principal es la satisfacción de los destinatarios: ser capaces de crear niños y jóvenes felices. Unos resultados académicos excepcionales no pueden ser ajenos a la salud emocional y psicológica de los estudiantes. Los padres quieren buenas notas, pero por encima de ello, hijos felices.

*Artículo publicado en el Monográfico de Comunicación Responsable de Corresponsables

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