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Javier Nadal, presidente de la Asociación Española de Fundaciones

El término comunicación procede del latín communicare, que significa “compartir algo, poner en común”. Desde este punto de vista, la comunicación es un fenómeno inherente a la relación entre las personas y al desarrollo de sus vidas. El intercambio de información es intrínseco al crecimiento cognitivo y social así como al resultado de nuestra convivencia diaria.

Cuántos episodios históricos están marcados por la falta o por la mala comunicación, cuántas relaciones personales han estado determinadas por esto mismo, al igual que muchas operaciones empresariales y acciones cotidianas; sin entrar en las trascendentales conversaciones entre gobernantes y políticos. En conclusión, para que las cosas funcionen al nivel más elemental, es imprescindible saber comunicar y el impulso de una buena comunicación que facilite y enriquezca nuestra vida, tanto en lo personal como en lo profesional.

La expresión “Si no comunicas no existes” hace referencia a un plano relacionado con el reconocimiento de una realidad por parte de la opinión pública. A este respecto, las fundaciones hemos considerado durante mucho tiempo que las actividades que realizábamos no debían ser necesariamente conocidas, dado que nacen de la voluntad de ayudar y no de obtener distinciones.

Esta práctica ha tenido como consecuencia la falta de un conocimiento real del sector fundacional en España, de su dimensión y de su capacidad para mejorar nuestro país tanto desde el plano social como económico. Ese exceso de celo informativo ha traído consecuencias muy negativas para el sector como una percepción opaca y desconfiada de su actividad. La comunicación y saber comunicar está directamente vinculada a la transparencia de cualquier entidad, tenemos que contar lo que hacemos y cómo lo hacemos para poner de manifiesto que somos necesarias para atender necesidades, cualesquiera que sean.

Es por lo tanto inevitable dar a la comunicación el valor primordial que tiene en nuestras estrategias. No podemos confundir humildad con opacidad, ni gratuidad con responsabilidad. Si no contamos lo que hacemos, la sociedad ni si quiera tendrá acceso a los servicios que prestamos ni tampoco podremos avanzar en aquellas mejoras legislativas imprescindibles para realizar nuestro trabajo con más eficacia.

Apostemos por la comunicación, por una buena comunicación que nos conecte con los ciudadanos y con la sensibilidad social. Aprovechemos los nuevos y diferentes recursos que nos aporta la transformación digital de las comunicaciones para cumplir con las misiones encomendadas, así como para mejorar la implicación y colaboración de nuestros beneficiarios. Internet hace de altavoz de lo que somos y hacemos: webs corporativas, redes sociales, publicaciones digitales y nuevas plataformas como el móvil facilitan que nuestros mensajes lleguen a miles de personas y de esta manera cambiar vidas.

Las fundaciones tenemos que sumarnos a este tiempo, no hay excusa. Es nuestro compromiso con la sociedad el que nos obliga a evolucionar y mejorar nuestros procesos de comunicación. Hagámoslo teniendo en cuenta que todo comunica, desde un logo hasta la manera en la que se responde al teléfono.

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